¿Por qué fingimos que lo sabemos todo?

A los pocos años de haber nacido nos regalan un bebé de plástico, lo subimos a una carriola, le damos su mamila y jugamos al doctor, recetamos lo que la muñeca necesita por que siendo el doctor podemos hacer eso.

   Unos años más tarde comenzamos a ver a nuestros compañeritos en la escuela con cara de novios. Imaginamos una boda con ellos y obviamente una gran familia llena de niños. Soñamos como se va a trabajar y nosotras nos quedamos cuidando a los bebés; cuando llega, la casa está hermosa y la cena está lista.

       Otros pocos años después, nuestras hermanas, primas o amigas comienzan a tener hijos, y ahí es cuando se pone bueno, comenzamos a escuchar conversaciones de bebés, es malo cargarlos mucho, les tienes que dar papilla, tienen que aprender a dormirse por que si no, no duermes tú (y lo más importante eres tú) la meta es regresar a tu vida ¨normal¨ lo más pronto posible. Te la pasas aburridísima escuchando estas conversaciones, que a ti ni te importan, total ni novio tienes, pero eso sí, todo lo escuchado lo guardas en un cajoncito ¨pa’ cuando se ofrezca¨. Y en lo que se ofrece, empezamos a ver a los papás en los centros comerciales, en los parques, en el cine, con ojos de juicio. ¡Uy! mi hermana nunca traería a sus hijos con correíta, ni que fueran perros, híjole los niños no deberían ir al cine, ¡ay dios! ya viste como trata esa señora al bebé, luego por que se hacen niños consentidos, no como mi amiga, ella sí los tiene bien educaditos.

       Y de pronto ¡Zaz! Nos encontramos de pronto en su lugar, con la panza creciendo y creciendo. Comenzamos a tomar decisiones, si lo voy a cargar mucho o poco, si lo voy a dejar llorar o lo quiero consentir mucho, si lo voy a alimentar con esto o aquello, si usaré carriola o rebozo, tomamos estas decisiones basadas en toda esta información que fuimos organizando cuidadosamente durante estos años.

     Pasan unos meses y luego otros más y nos damos cuenta de que cuando ya estamos ahí se ve muy diferente de cuando lo veíamos de lejos, aunque escuchamos todos esos consejos, parecen no funcionar como estaba planeado. Comenzamos a perder la cabeza y a culparnos por no estar haciendo las cosas bien, cuando en realidad, no tenemos idea de que está bien o está mal, ¿bien para quién, o mal para quién? ¿Porqué no funcionan las técnicas tan cuidadosamente aprendidas de vivencias ajenas?

       La razón es simple, creemos que si todo mundo lo hace debe ser fácil, pensamos en aventarnos al ruedo sin tener la menor idea de cómo se comporta este gran toro llamado maternidad. Y la solución es simple también, sólo hay que informarse un poco, ni siquiera mucho, no tenemos que convertirnos en instructoras perinatales o en licenciadas en puericultura, pero si les debemos a nuestros hijos aprender un poco de cómo funciona su cerebro, su cuerpo, su desarrollo y sus sentimientos. Necesitamos también, callar esas voces extrañas de juicio que han remplazado la voz de nuestro propio instinto.

      Estos chiquitines merecen esto y más, les debemos el respeto mas grande que le hemos tenido a nadie nunca, son invitados de honor en nuestra casa y como eso los debemos tratar. Estas personitas se van a quedar a nuestro lado los próximos veinte años, por lo menos, y queremos hacerlas felices, hacerlas sentir importantes. Tenemos que ponernos en su lugar y pensar ¿Cómo nos sentiríamos si al llegar a un lugar extraño, alguien supiera exactamente que necesitamos y no los diera con todo el amor que puede dar?

Enna Román.

Abril 2014

Fuente: ‘https://www.freepik.es/foto-gratis/nino-desnudo-camisa-mentiras-madre-pecho_1234927.htm’

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