La carrera del mejor papá del mundo

Todo empieza con un libro. Te lees un libro o un artículo en algún blog y te empiezas a cuestionar qué tipo de papá serás. No quieres dejar a tu hija todos los traumas que te dejaron a ti, por lo que secretamente haces un propósito, ser el mejor papá del mundo.

Cada quien entiende eso a su manera, pero viviendo en una sociedad de consumo como la actual, ser el mejor papá del mundo parece que tiene que implicar comprar un montón de cosas. Muchas de las cuales casi no se llegan a usar, por cierto. Pero qué rico se siente llegar del centro comercial, con tu esposa embarazada en el asiento del copiloto y la cajuela llena de bolsas de la sección de bebés. Como nos gusta participar de este circo del gastar.

Así, poco a poco, entre comerciales y posts de facebook, te vas convenciendo que nada es suficiente. Que todo lo que vas adquiriendo para la chiquilína que viene en camino no llega a reflejar el inmenso amor que sientes por ella. Y empiezas a hacer planes. Y la industria orientada a explotar esa necesidad es enorme. Los papás “to-be” son presas muy vulnerables al marketing, al menos deben estar en el top cinco de los rankings de consumidores incautos.

Y en esa jungla de explotadores de la necesidad paternal de darlo todo por los hijos, se encuentra la estimulación temprana. Ojo, que ni tengo una opinión científica al respecto ni pretensiones de juzgar sus métodos. Sólo pretendo contar mi experiencia personal.

Para empezar, estimulación temprana. Esta larga carrera de éxitos y fracasos que nos plantean que es la vida, dónde uno se tiene que poner las pilas porque si no puede perder el tren de los ganadores, empieza a los tres meses con un payaso que empuja a los niños a desarrollarse antes de lo que de forma natural todos los humanos que han habitado este planeta se han desarrollado.

Insisto en que no trato de juzgar el método, que ni siquiera lo llegué a conocer tan bien. Lo que me planteo es si vale la pena llevar a mi bebé a que le empujen las piernas para que aprenda a gatear unas semanas antes de lo que haría de forma espontánea. ¿Necesita mi chiquilina que la forcemos a estar en una posición que a ella aun no le gusta, estimulando unos músculos que ella aun no necesita? La curiosidad por las cosas aun no es lo suficientemente grande para empujarla, o quizá aun está muy entretenida con lo que tiene a mano. Pero eso no importa; lo importante es que estimule esos músculos lo antes posible, que suba de nivel lo antes posible, que sea presidenta de la república lo antes posible. Porque supongo yo que eso es lo que nos han metido en la cabeza, ¿no? Que el que llega antes agarra mejor lugar. O, si no, ¿cuál es la prisa?

Después de dos sesiones con llanto dejamos de visitar al payaso estimulador temprano. Y una de las cosas que me ha quedado marcada en la memoria es la actitud de los papás en ese centro, yo incluido. Cada quien centrado en su niño, sin comunicación entre nosotros, todos tensos y con la vista baja. Quizá, internamente, sintiendo que algo está mal.

Pol Cruzate

Abril, 2015

 

Foto: ‘https://www.freepik.es/foto-gratis/quot-padre-de-pelo-corto-llevando-nino-sobre-los-hombros-quot_1211851.htm

Deja una Respuesta

x
  • ¿Este perfil es tuyo?

    claim a listing
    • Reclamar mi perfil

      Si este perfil es tuyo, no te preocupes. ¡Rellena el formulario y nos pondremos en contacto contigo pronto!
  • X