El día que Mercedes llegó al mundo

Viernes 26 de junio de 2009

Necesito escribir esto antes de que pase más tiempo. Con el tiempo y el relato repetido mil veces, se van dejando fuera detalles, y siendo este quizá el evento más importante de mi vida, necesito tenerlo, aprenderlo, poder volver a él las veces que el corazón necesite el recuerdo del día más importante de mi vida.

Ayer cumplimos 4 semanas del nacimiento de Mercedes. Para mí todo empezó el miércoles 27 de mayo, y no tengo conciencia de cuándo pasamos de un día a otro. Fue una noche larga y quieta, corta y llena de sucesos… no lo puedo explicar bien. La noción del tiempo se volvió muy relativa a pesar de que estuve tomando el tiempo y registrando las contracciones desde las 7 de la noche. Como de 40 segundos, cada 3 o 4 minutos. Para mí eso era sólo el pre trabajo de parto, y como me había hecho a la idea de que “el primer parto siempre es más largo”, “las primerizas tardan más”, “si la luna es menguante bla, bla, bla”… pues no hice gran caso y el registro lo hice sólo por empezar a practicar. Mi mamá y yo habíamos andado en las tiendas, creo, y fuimos a la aseguradora ese día, y por chochitos homeopáticos para mí, y chocolates para cuando vinieran las visitas. Rodrigo llegó antes de las 8, y yo me metí a dar un baño para descansar un poco. Mi mamá preguntó “¿Segura me voy?” y yo muy segura, sí, respondí, “claro, todavía le falta, yo creo que esta bebé va a nacer hasta el viernes o sábado, tú vete tranquila”.

Habíamos planeado el parto en casa, atendidas por la Dra. Gloria, desde principio de año. Estuvimos, yo especialmente, súper presente y atenta en el curso psicoprofiláctico, devorando toda la información y libros, preparándome para que esto fuera posible con toda la seguridad del mundo, y que no me intimidara la mala vibra o el miedo de otras personas. Rodrigo- al principio a regañadientes, y más tarde mucho más motivado, también se estuvo preparando. Luego, en marzo-abril, él se enfermó y estuvimos una semana en el hospital. Toda mi seguridad se vio tambaleada porque mi mano derecha, quien debía estar fuerte y totalmente para mí en el parto, era ahora un hombre débil, enfermo, de quien no sentía que podía depender. Ni modo, a lo hecho pecho, y a hacerme más fuerte yo solita por si el mero día el marido no da el ancho, no por voluntad, no… pero igual no lo da. Y como siempre, mi mamitis, pero sobre todo la seguridad de que no-importa-qué, mi mamá está siempre para mí. Así que más que nunca, decidí que el día del parto mi esposo estaría conmigo, pero mi mamá también sería parte del equipo. Y Erandi, más emocionada de lo que imaginé, apuntadísima para grabar y estar cuando llegara su sobrina. Así que volvemos al miércoles 27 de mayo, a las 10 de la noche.

Luego de la regadera, salgo a mi cuarto y veo todo lo que falta por arreglar (al fin Aurelia venía al día siguiente y podía sacar esa basura, sacudir muy bien esa esquina… ahá) y los muebles que mover, así que llamo a Gloria, le digo cómo vamos, y me dice que me acueste, a ver si logro dormir, o si no que le llame en una hora. Claro que mejor me puse a arreglar lo que faltaba (¿qué me voy a poner? ¡Mi mamá ya no me trajo mi bata!) y a la hora le llamamos para decir que no he dormido. Gloria dice que hasta que no se cumplan los 2 requisitos (cada 3 minutos, de 1 minuto de duración) estas contracciones son el principio. Que trate de descansar porque seguro el trabajo de parto será al día siguiente. Me meto a la regadera otra vez, en mi tina o mi pelota de Pilates, no recuerdo, pero sé que duré un buen rato mientras Rodrigo dormía un poco y grababa otro tanto. Las contracciones estaban más fuertes, y obedeciendo a Gloria, me acosté a ver si se pasaba mejor, pero cada vez eran más seguidas e intensas. Le llamamos otra vez, como a las 3 de la mañana, y dijo que ya venía para acá, pero que debía antes pasar por la otra doctora. Mientras, las contracciones eran cada vez más intensas. Yo visualizaba la curva que Mireille y Laura pintan siempre para describir las contracciones, y pensaba “olita de mar, olita de mar, viene y se va, hay que dejarse llevar para que no duela”, pero estas olas estaban llegando sin avisar, apenas podía inspirar la bienvenida, y sentía que me iban a revolcar. Y también en mi cabeza estaba mi frase “cada contracción es una ola que trae a Mercedes más cerca de mis brazos”. Rodrigo, bien solidario, me decía “vas muy bien amor, relajaste increíble”, pero yo sentía que yo pronto iba a perder el control, sobre todo cuando tras cada contracción comencé a temblar muy muy fuerte y de manera incontrolable. Ahí le grité a Rodrigo que dejara en paz la cámara, que llamara a Gloria para avisarle, que esto no sabía yo si era normal, y ella dijo que era normal porque estaban ya muy intensas las contracciones y no debía asustarme.

Yo tenía ganas de hacer pipí, y cada vez que me paraba sentía que no podía ya dejar el baño. Así me encontraron las doctoras al llegar a las 4 am, sosteniéndome de la taza y recargando la cadera en la caja del escusado- estaba empezando muy fuerte la sensación de pujo. Gloria me revisó en la cama, y recuerdo pensar “que no me diga que tengo 2 de dilatación, porque entonces falta mucho y no voy a aguantar! Ojalá por lo menos 4, por lo menos 4!”, así que cuando dijo “Ya tienes casi 8 de dilatación, Mara, vas muy bien, yo creo que tu bebé va a nacer como en una hora”, me calmé mucho, me puse feliz. Así, sí, sí aguanto!! Uf!

 

Como a las 4 le avisamos a mi mamá y mi hermana que tranquilamente podían ir preparándose para venir, pero de repente sentí que la bebé ya venía y no íbamos a poder esperar a que llagara mi hermana a grabar, así que le pedimos a Fer que viniera. Pobre, le tiene horror a la sangre, pero estuvo ahí, grabando la peor parte. Gloria me dijo que quedaba un bordecito en el cuello y que iba a sostenerlo ella con su mano mientras yo pujaba en las siguientes contracciones para ayudar porque ya las tenía muy fuertes, y que sería incómodo. En realidad yo no noté la diferencia, y sentí mucho alivio al pujar. Luego de algunas, me pasé al piso en cuclillas, sostenida de las piernas de Rodrigo, quien todo el tiempo me ayudó a concentrarme en relajar y respirar. Llegaron mis papás y mi hermana, a tiempo! Seguí pujando como me decía Gloria, pero aún sin estar consciente de la fase en la que estaba, hasta que Lluvia, su asistente, me recordó el “aaaaa”… así que estábamos ya en la fase aaaaaaaa! Pujé fuerte, unas 7 veces, quizá. Como a la tercera, sentí un gran alivio porque se rompió la fuente, y claro sentí que la cabecita de Mercedes se acomodaba. Bueno, eso me centró y me ayudó a pujar con más intensidad, pues Gloria me dijo que ya se podía sentir la cabecita, si ponía yo mis dedos. No, dije, no están limpias mis manos -pensé en mi bebé llegando a este mundo, tan nuevecita, y yo no tenía limpias las manos, jaja. Escuché a mi hermana diciendo “ya vi la cabecita de mi sobrina” y me concentré más fuerte que nunca en pujar, pues las contracciones de repente se hicieron más cortas y eso no era bueno para la bebé. Y así, con toda la fuerza de mi cuerpo, una fuerza que no sabía mía, un grito profundo del esfuerzo, y la sensación de que me abría para darle paso a mi niña, salió Mercedes. Su cabecita primero, que aspiraron rápidamente por traer el cordón alrededor de la cabeza y el pechito, y por tener una manita en la barba (lo que hizo un poco más difícil su salida). Oí a Rodrigo decir que la veía, pero yo no alcanzaba a ver, sólo seguía viendo mi panza y concentrándome en prepararme para la siguiente contracción, que llegó y ayudó a salir el cuerpecito de Mercedes, que Gloria tomó en sus manos. Eran las 5 y cuarto del 28 de mayo del 2009. Mientras la secaban un poco, yo aprecié por primera vez este ser humanito que salió de mi cuerpo y que estaba aquí para, entre mil cosas, ser mi hija.

Amelias-Homebirth-3b

Me miró a los ojos, me miró por primera vez, y la saludé; le dije, “Hola, Mercedes”, y le di la bienvenida, mi chinita, mi chinita, con los ojos de rayita como mi mamá, como mi hermana y como yo, gordita de mi corazón. Vi a mi hija, la tuve en mi pecho, la olí, la besé, y sentí su piel, su calorcito por primera vez. Y sentí a mi esposo que no paraba de llorar de la emoción y del amor al ver a nuestra bebé, y la amé para siempre. Rodrigo cortó el cordón umbilical, y se llevaron a Mercedes a limpiar y darle la atención que debía. A mí la doctora me regresó a la cama para la expulsión de la placenta. Yo no sentía contracciones, y tardó como una hora más en salir. Yo en realidad ya no estaba enterada; sentía el cordón umbilical, que me incomodaba poquitito, pero estaba totalmente concentrada en mi bebé, que me entregaron una vez que la limpiaron y dieron vitamina K y gotitas para ojos, le hicieron las pruebas y la pesaron. Cuatro kilos con trescientos cincuenta gramos. Enorme. Me la dieron, la puse al pecho, y se acercó y comenzó a mamar, de una manera tan natural, tan segura de que yo soy su mamá y su leche, que me perdí en ese momento admirando la sabiduría de la naturaleza y la belleza de los ojos de mi hija que no quitaba de mis ojos. Ya no supe mucho de la placenta, que salió con otra fuerza impresionante en una única contracción cuando ya me imaginaba en el hospital porque la señora placenta no quiso salir, ni de la sutura, pues el desgarre fue bastante tremendo, tanto que primero pensaron que había hemorragia. Sólo supe de mi niña en mi pecho, de mi familia alrededor nuestro, llenándola de amor, dándole la bienvenida. Quién sabe a qué hora se fueron las doctoras, quién sabe a qué hora nos dieron mis papás el espacio que necesitamos Ruy, Merche y yo para conocernos y hacernos familia. Pero ya era de mañana. Y dormimos juntos, abrazados. Vi a Rodrigo dormir, vi a mi nena dormir, y ya no hay recuerdos de eventos sino de sensaciones de flotar, de fuerza, de logro, de seguridad de tener una bellísima bebé sana, y un fuerte esposo al lado, una solidaria familia en la sala, descansando y ayudando a reorganizar la casa. Y así, cuando en realidad llegamos a este nuevo mundo este hombre-papá, esta mujer-mamá y esta niña del cielo, nos encontramos con un lugar lleno de luz y calor, limpio, acogedor. Y seguro nos marcará para siempre.

Deja una Respuesta

x
  • ¿Este perfil es tuyo?

    claim a listing
    • Reclamar mi perfil

      Si este perfil es tuyo, no te preocupes. ¡Rellena el formulario y nos pondremos en contacto contigo pronto!
  • X